CAST / GAL

El amargo destino de mi dulce abuela
Botatronos, 58, A Coruña

Apenas sabía leer cuando sus padres, necesitados de reducir bocas que alimentar, la enviaron de Rubianes a Vigo.
Los desconsolados llantos de las primeras noches cedieron ante la necesidad de sobrevivir. El mismo destino que con amargura la arrancó de sus raíces le enseñó el oficio de pastelera y llevó su vida a endulzar la existencia de los que la rodearon.
Huevos, harina y azúcar se mezclaban en sus manos de alquimista al tiempo que la sonrisa brotaba de su mirada.
Esa misma sonrisa, cansada, con que despidió la vida demostraba que el camino había merecido la pena.
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