La ruidosa felicidad.
Helena Sofía, 33, A coruña
Oigo un ruido todo el tiempo.
Me acompaña en mis quehaceres: ruidoso, pegajoso, un lamento constante. Susurra lo bastante bajo para dejarme vivir, pero lo bastante alto para que no olvide que está conmigo.
El otro día se fue. Apenas un instante. Escuché los pájaros desde la ventana, las risas de los niños en el parque… Y entonces volvió.
Lo agradecí. Ese ruido me protege de la felicidad, tan brillante y cruel, que con su silencio me asfixia.
Me acompaña en mis quehaceres: ruidoso, pegajoso, un lamento constante. Susurra lo bastante bajo para dejarme vivir, pero lo bastante alto para que no olvide que está conmigo.
El otro día se fue. Apenas un instante. Escuché los pájaros desde la ventana, las risas de los niños en el parque… Y entonces volvió.
Lo agradecí. Ese ruido me protege de la felicidad, tan brillante y cruel, que con su silencio me asfixia.