El destino de Elena
Fina, 59, Santa Comba
Cada mañana, Elena tomaba el mismo tren, se sentaba en el mismo asiento, leía el mismo libro. Un día, alguien más ocupó su lugar. Molesta, se sentó frente a él. Cruzaron miradas, sonrisas, palabras.
Años después, contaría a sus nietos que si aquel extraño no hubiera llegado tarde a su tren habitual, jamás habría conocido al amor de su vida.
El destino no siempre grita. A veces, solo cambia un asiento.
Años después, contaría a sus nietos que si aquel extraño no hubiera llegado tarde a su tren habitual, jamás habría conocido al amor de su vida.
El destino no siempre grita. A veces, solo cambia un asiento.