La otra puerta
K.Johnson, 30, Arteixo
Cuando llegamos a este país, quienes prometieron acogernos nos cerraron la puerta en la cara. Caminamos bajo una lluvia helada que empapaba la ropa, mientras el miedo nos calaba mucho más hondo que el frío. No teníamos a dónde ir.
El granizo comenzó a caer cuando sonó el teléfono.
«Soy Manolo, el gallego. Ya sé lo que ha pasado. ¿Dónde estáis?».
Nunca olvidaremos aquella llamada, porque representó un nuevo comienzo cuando no sabíamos qué hacer. Ese día comprendimos que los grandes cambios no empiezan cuando una puerta se cierra, sino cuando alguien de buen corazón decide abrir la suya.
El granizo comenzó a caer cuando sonó el teléfono.
«Soy Manolo, el gallego. Ya sé lo que ha pasado. ¿Dónde estáis?».
Nunca olvidaremos aquella llamada, porque representó un nuevo comienzo cuando no sabíamos qué hacer. Ese día comprendimos que los grandes cambios no empiezan cuando una puerta se cierra, sino cuando alguien de buen corazón decide abrir la suya.