La elección que no se ve.
Kemett Maxine, 18, Cojobar
El abismo se extendía frente a mí, el viento me tambaleaba. La niebla se cernía al otro lado, impidiéndome ver qué había más allá. Bajé la mirada: un vacío ensordecedor me esperaba.
A un lado, un puente viejo y carcomido por el tiempo unía un lado con el otro. Era inestable.
Sentí una opresión en el pecho cuando a mi mente llegó la pregunta: ¿Cruzar o rendirme al abismo? Cerré los ojos, buscando claridad. Mis pies comenzaron a moverse por si solos, como guiados por algo más fuerte que el miedo.
¿Acaso había futuro para mí?
A un lado, un puente viejo y carcomido por el tiempo unía un lado con el otro. Era inestable.
Sentí una opresión en el pecho cuando a mi mente llegó la pregunta: ¿Cruzar o rendirme al abismo? Cerré los ojos, buscando claridad. Mis pies comenzaron a moverse por si solos, como guiados por algo más fuerte que el miedo.
¿Acaso había futuro para mí?