CAST / GAL

Tiempo
María, 27, Rascafría

El anciano miró de nuevo el reloj de bolsillo, el mismo que llevaba décadas marcando la hora equivocada.
Herencia de su padre, había sido un aliado traidor durante toda su vida: un retraso de siete minutos que nunca corrigió, pues su padre juraba que no era un error, sino una advertencia.
Y no pensó más en ello hasta que, al cruzar la calle, volvió a pesar en su mano. Se detuvo, lo observó, justo cuando un coche desbocado pasó rozándole. Los transeúntes gritaron; él apenas sonrió.
Entonces comprendió: el destino nunca se apresura. Solo llega, siete minutos tarde.
Compartir: