AL FIN SOLOS
Diego Fdez. Sández, 53, La Coruña
—¡Al fin solos! —gritaron entre la multitud.
La pareja acababa de arribar con las maletas a la gran ciudad. Toda una nueva vida por delante.
Atrás quedaban sus grises trabajos y grises días.
Mas en el fondo de sus corazones, ambos sabían que la razón última de poner tierra por medio era tratar de despistar a aquellos encontronazos, reproches y silencios habidos en su relación.
—Estás preciosa con ese vestido gris —dijo él, por decir algo agradable.
—Sí, gris y frío —dijo ella mirando al cielo.
"Sola otra vez...", pensó ella. "Solo otra vez...", sintió él.
La pareja acababa de arribar con las maletas a la gran ciudad. Toda una nueva vida por delante.
Atrás quedaban sus grises trabajos y grises días.
Mas en el fondo de sus corazones, ambos sabían que la razón última de poner tierra por medio era tratar de despistar a aquellos encontronazos, reproches y silencios habidos en su relación.
—Estás preciosa con ese vestido gris —dijo él, por decir algo agradable.
—Sí, gris y frío —dijo ella mirando al cielo.
"Sola otra vez...", pensó ella. "Solo otra vez...", sintió él.