Tres salidas
Kiko Piñeiro, 48, Ourense
Las salidas eran pocas. Solo tres.
Unidad de agudos.
Centro penitenciario.
La muerte.
Las escuché tantas veces en terapia que acabaron sonando a tópico. Hasta que dejaron de serlo.
La última raya no buscaba euforia. Solo apagar el ruido. Entonces la muerte dejó de parecer un final y empezó a parecer un descanso.
Las luces me herían las retinas mientras me examinaban. Yo solo pedía una dosis más. Diez días entre correas, gritos y el olor a orín viejo.
Hoy escribo esto limpio.
Sobrio.
Vivo.
No porque encontrara una cuarta salida.
Porque decidí dejar de caminar hacia las otras tres.
Unidad de agudos.
Centro penitenciario.
La muerte.
Las escuché tantas veces en terapia que acabaron sonando a tópico. Hasta que dejaron de serlo.
La última raya no buscaba euforia. Solo apagar el ruido. Entonces la muerte dejó de parecer un final y empezó a parecer un descanso.
Las luces me herían las retinas mientras me examinaban. Yo solo pedía una dosis más. Diez días entre correas, gritos y el olor a orín viejo.
Hoy escribo esto limpio.
Sobrio.
Vivo.
No porque encontrara una cuarta salida.
Porque decidí dejar de caminar hacia las otras tres.