La voz del destino.
Helena Sofía, 33, Coruña
Siempre supe que mi destino era maternar: cuidar, salvar, guiar. Soñaba con oír una voz llamándome mamá.
Y al fin llegó el día. Te tomé en brazos, temblando, convencida de que aquel instante era el mayor regalo del destino.
Pero la matrona te apartó enseguida y murmuró: “Lo siento, no sobrevivió”.
Desde entonces, cada noche, en medio del silencio, escucho tu voz. Y aunque todos digan que deliro, sonrío, porque sé que, en la eternidad, el destino me concede el regalo de escuchar la dulce palabra que jamás dirás: mamá.
Y al fin llegó el día. Te tomé en brazos, temblando, convencida de que aquel instante era el mayor regalo del destino.
Pero la matrona te apartó enseguida y murmuró: “Lo siento, no sobrevivió”.
Desde entonces, cada noche, en medio del silencio, escucho tu voz. Y aunque todos digan que deliro, sonrío, porque sé que, en la eternidad, el destino me concede el regalo de escuchar la dulce palabra que jamás dirás: mamá.