Donde arde la vida
Almudena, 35, A Coruña
En la madrugada, el monte ardía como un animal herido. Los bomberos forestales de Galicia avanzaban entre chispas y humo, con el rugido del fuego golpeando sus pechos. El aire quemaba, pero sus pasos eran firmes: sabían que detrás del muro de llamas aguardaban aldeas, huertas, vidas enteras. No luchaban solo contra el incendio, sino contra el olvido de quienes creen que el bosque se apaga solo. Y en cada golpe de azada, en cada manguera extendida, se oía lo mismo: un juramento silencioso al verde que algún día volverá a brotar.