Una confusión de mierda
Rita Medín, 39, Oleiros
Cinco minutos después de comprobar que efectivamente tenía el boleto ganador, llamaron a la puerta.
No esperaba a nadie, y menos a aquellas horas, pero tenía por costumbre (y por educación) atender a las personas; a lo mejor era alguien que necesitaba ayuda. Estaba a punto de abrir cuando notó un dolor punzante en el pecho. Alguien le había disparado. Cayó al suelo con la certeza de que no sobreviviría. La puerta se abrió y una cabeza se asomó para comprobar el resultado.
“Mierda, nos hemos confundido de persona” fue lo último que acertó a oír.
No esperaba a nadie, y menos a aquellas horas, pero tenía por costumbre (y por educación) atender a las personas; a lo mejor era alguien que necesitaba ayuda. Estaba a punto de abrir cuando notó un dolor punzante en el pecho. Alguien le había disparado. Cayó al suelo con la certeza de que no sobreviviría. La puerta se abrió y una cabeza se asomó para comprobar el resultado.
“Mierda, nos hemos confundido de persona” fue lo último que acertó a oír.