CAST / GAL

Siguiente piel.
Gatocazador, 56, San Cosme Barreiros

En el reloj que compusimos donde comíamos de un solo plato, sentíamos la sed a la par y entrelazabamos las manos bajo las mantas, algo se quebró, fue sutil, sordo, como cuando se descabalga la rueda dentada del mecanismo o el muelle de la relojería se afloja y no vuelve a acurrucarse. Se abrió una grieta que se extendió como la gota del plumín sobre un pañuelo. Y en aquella complicidad de fugitivos se instaló un silencio grueso, y todo cambió, y hubo mudanza, tú al paraíso, yo a mí guarida de huesos.
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