Caleidoscopio
Alicia del Rosario, 42, Cangas del Narcea
El ascensor no llega y algo respira a mi espalda... Sin mirar, elijo escalera. Mis pasos resuenan dobles, mis jadeos se multiplican con segundos de demora: me sigue, estoy segura. Corro.
Las llaves tintinean en mi mano nerviosa y un fogonazo de luz en el recibidor desvela dos figuras en el espejo. Una desprende miedo, la otra, emoción... pero las dos son la misma: yo.
Desgajada de mí, mi yo futuro posa una mano en mi yo presente y comprendo que porvenir no está tallado en piedra; que el segundo reflejo es el umbral. Mi destino aún está por escribir.
Las llaves tintinean en mi mano nerviosa y un fogonazo de luz en el recibidor desvela dos figuras en el espejo. Una desprende miedo, la otra, emoción... pero las dos son la misma: yo.
Desgajada de mí, mi yo futuro posa una mano en mi yo presente y comprendo que porvenir no está tallado en piedra; que el segundo reflejo es el umbral. Mi destino aún está por escribir.