El Clima del Destino
AFM, 48, Cangas De Morrazo
El sopor estival se adhiere al tejido nervioso como humedad atrapada en la troposfera. Las tormentas no estallan, pero cargan el aire de electricidad intangible, sobrecargando conciencias y sistemas internos. La presión se acumula, invisible, hasta que el cuerpo —como atmósfera saturada— busca una grieta. Puede venir un otoño de rutinas, o un aguacero que purifique. Pero antes, algo debe ceder. Y cuando el sistema endocrino colapsa, el destino se reduce a dos salidas: el baño como refugio… o el calzoncillo como sacrificio. Porque hay tormentas que no se anuncian. Solo se sufren. Y luego, se limpian.