CAST / GAL

El violinista
Javier Jesus, 68, Madrid

Como todas las mañanas cogí el tren para acudir al trabajo. Detrás subió un anciano de aspecto venerable. Llevaba un viejo violín. Durante el trayecto tocó una tras otra, piezas conocidas. Los viajeros con sueño mañanero, despertamos del letargo. Concentrado en su actuación, parecía ajeno a lo que ocurría a su alrededor.
No pasó el platillo. Admitió ser ucraniano, profesor del conservatorio. Al llegar al final guardó su violín. Se despidió. Los viajeros aplaudimos entusiasmados. Llenamos de monedas sus bolsillos. El violinista lloró, luego sonrió. Por vez primera en años, su música había derrotado a los mortíferos cañones.
Compartir: