Firma, sin más
Flor, 57, Arroyo de la Encomienda
El abogado me hizo pasar a su lujoso despacho, donde me indicó un oscuro sillón junto a su mesa. Se colocó frente a mí, con solemnidad me pasó unos documentos y esperó en silencio a que los leyera. Cuando levanté la mirada, me sonrió, me dijo que, si firmaba, el divorcio sería efectivo y que lo pensara. ¿Pensar? Tomé el bolígrafo y estampé mi firma. Llevaba tanto tiempo esperando ese momento que al salir a la calle noté que me había quitado un gran peso de encima. Mi futuro lo decidiría yo.