Catársis de una tarde veraniega
Adrián, 23, La Coruña
Una fría tarde de verano, por antinómico que eso pueda sonar para quien no sea del Norte, caí en la cuenta. Lo más gracioso del cambio es que permea tanto a aquel que se le resiste que se vuelve invisible a sus ojos.
Aquello que se me reveló esa tarde fue la irremediable verdad de que el cambio no necesita de consciencia, porque actúa a pequeña escala.
Un niño partiendo una rama de un árbol me abrió los ojos, ninguno era ya lo que parecía hace un momento... tampoco yo era el mismo.
Aquello que se me reveló esa tarde fue la irremediable verdad de que el cambio no necesita de consciencia, porque actúa a pequeña escala.
Un niño partiendo una rama de un árbol me abrió los ojos, ninguno era ya lo que parecía hace un momento... tampoco yo era el mismo.