HACIA ÍTACA
Carmen FerRo, 65, Vigo
Cuando emprendí el viaje, quería que el camino fuese largo y sin sobresaltos. Subir las cuestas sin esfuerzo y bajar los barrancos saltando de piedra en piedra, segura en la línea de la vida.
No lo conseguí.
Caminé sin rumbo. Perdí el equilibrio y rodé hacia el valle de los afligidos. Me refugié en el manto de la resignación, mil veces.
Recuperé la calma y ascendí a la cima de vistas infinitas, con mis heridas rasgadas.
Allí, me esperabas con los brazos abiertos. En tu abrazo, el dolor se esfumó entre la niebla.
En Ítaca, siempre brilla el sol. Llegamos.
No lo conseguí.
Caminé sin rumbo. Perdí el equilibrio y rodé hacia el valle de los afligidos. Me refugié en el manto de la resignación, mil veces.
Recuperé la calma y ascendí a la cima de vistas infinitas, con mis heridas rasgadas.
Allí, me esperabas con los brazos abiertos. En tu abrazo, el dolor se esfumó entre la niebla.
En Ítaca, siempre brilla el sol. Llegamos.