CAST / GAL

Contra el destino
Max Ferlam, 51, Doñinos de Salamanca

—Yo no soy un esclavo —me repetía de niño, cuando los vecinos y ancianos de mi barriada insistían que estábamos destinados a trabajar toda la vida, para apenas sobrevivir.
—Yo forjo mi destino —afirmaba.
Hoy puedo decir con orgullo que tengo una gran empresa, con proyección internacional y empleados a mi cargo. He salido de la miseria.
Trabajo entre doce y catorce horas al día, sin descanso, persiguiendo mi sueño, aunque mi familia llora mi ausencia.
Cuando apago las luces de mi fábrica, con los ojos secos y el cuerpo roto, me digo:
—Yo no soy un esclavo.
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