Un camino inexorable
Maje, 66, Palencia
A nuestras espaldas, todos llevamos un poeta con alma de tahúr que susurra hermosos versos, nos pinta suaves lejanías de acuarela y nos arrastra hacia un desenlace desconocido. Pero a veces, se esconde y nos observa tras una rendija. Y allí nos deja, cavilando coincidencias caprichosas, maquinando entre el azar y la suerte, al mismo borde de la dicha o del desastre. Aun así, seguimos creyendo en finales felices y le dejamos la llave bajo el felpudo esperando que mañana vuelva. Porque los ideales, aunque no se vivan, se sueñan.