Lo que queda
Manoel, 47, A Coruña
Los vi nacer, casarse, envejecer. Recuerdo su primer diente de leche, su primera cana, la mueca de la primera resaca. Aprendí a quererlos en cada gesto que repetían frente a mí, sin saber que yo también cambiaba: el azogue se oscurecía, mi marco perdía el barniz. Una tarde llegó uno nuevo, más grande, sin manchas. Me envolvieron en papel de periódico y me bajaron al trastero. Ya no reflejo a nadie, pero aún los recuerdo a todos, uno encima de otro, como capas de una misma persona que nunca dejó de mirarse en mí