Aquella puerta…
Jmg, 46, Bembibre (León)
Cuando abrí la vieja puerta, esperaba encontrar la casa intacta. Sin embargo, las paredes respiraban otro color, el jardín había olvidado mis pasos y el silencio pronunciaba un nombre distinto al mío. Quise resistirme, pero descubrí que también mis manos eran diferentes: llevaban cicatrices nuevas y sostenían sueños que antes no existían. Comprendí entonces que los cambios nunca piden permiso; llegan, desmontan certezas y construyen caminos invisibles. Son incómodos, sí, pero también necesarios. Sonreí al marcharme, porque entendí que quien teme cambiar también renuncia a descubrir quién puede llegar a ser.