CAST / GAL

Cuando TODO se vuelve NADA
Lunnai, 36, Valladolid

Ella, cactus de mil espinas, guardaba desiertos bajo su piel.
Él, globo de aire ligero, surcaba cielos que no podía alcanzar.
Se chocaron en un instante suspendido donde los cuerpos no importaban, sólo los latidos.
Lo dieron todo y todo se convirtió en nada.
El aire escapó, las raíces dolieron y el cielo se rompió.
Pero ella, cactus que conoce la soledad, agradece cada pinchazo que la hizo sentir viva.
"Gracias al destino por el viaje", dijo, mientras sus espinas brillaban bajo un sol que ya no era suyo pero que aún con dulzura la acariciaba.
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