A ocho minutos del Sol
JRVG, 50, Culleredo
Bajé las escaleras en treinta segundos. Entré sin aliento en el bar. El profesor Boedo levantó los ojos del periódico con curiosidad.
Mientras le describía las señales del detector de neutrinos, le dije que, si sus predicciones eran correctas, el Sol había explotado.
—¿¡Qué hacemos!? —cacareé angustiado.
Él miró su reloj, tranquilo, murmurando:
—Ocho menos dos...
Levantando la mano, le gritó al camarero:
—Le doy mil euros si me trae un par de cervezas heladas en un minuto.
Luego me habló con una sonrisa pausada:
—Tómese un trago conmigo. Solo será un momento.
Entonces, caí en la cuenta.
Mientras le describía las señales del detector de neutrinos, le dije que, si sus predicciones eran correctas, el Sol había explotado.
—¿¡Qué hacemos!? —cacareé angustiado.
Él miró su reloj, tranquilo, murmurando:
—Ocho menos dos...
Levantando la mano, le gritó al camarero:
—Le doy mil euros si me trae un par de cervezas heladas en un minuto.
Luego me habló con una sonrisa pausada:
—Tómese un trago conmigo. Solo será un momento.
Entonces, caí en la cuenta.