La casa
Queiroga, 39, BARDAOS (SANTA MARIA-SAN SADURNIÑO)
Fui cuna, refugio, trinchera y sobremesa.
Mis paredes aprendieron nanas, portazos, risas de domingo y silencios después del hospital. Vi cambiar los muebles, los peinados, los apellidos en el buzón.
Un día quitaron la habitación azul y pintaron estrellas en el techo.
Otra infancia empezaba donde otra había guardado sus juguetes.
Nadie me preguntó si echaba de menos a los que se fueron.
Pero cuando alguien abre la puerta y dice “ya estamos en casa”, todas mis grietas se acomodan.
Mis paredes aprendieron nanas, portazos, risas de domingo y silencios después del hospital. Vi cambiar los muebles, los peinados, los apellidos en el buzón.
Un día quitaron la habitación azul y pintaron estrellas en el techo.
Otra infancia empezaba donde otra había guardado sus juguetes.
Nadie me preguntó si echaba de menos a los que se fueron.
Pero cuando alguien abre la puerta y dice “ya estamos en casa”, todas mis grietas se acomodan.