La carta que nunca envié
Mariola, 23, Madrid
Era solo un sobre cerrado con un sello de lacre. Al fin y al cabo era solo papel.
Pero tenía palabras que temblaban, y una realidad que me dolía.
Esta rezaba: "si estás leyendo esto, ya no estaré contigo."
La guardé y olvidé en mi memoria.
Años después, haciendo limpieza, la encontraste como el que encuentra una postal.
Supiste todo sin que yo hablara.
Viniste corriendo y me abrazaste como si lo supieras desde siempre, la enfermedad pasó.
En ese momento, supe que era eso: el destino no es la vorágine, sino lo que queda cuando no pasa nada.
Pero tenía palabras que temblaban, y una realidad que me dolía.
Esta rezaba: "si estás leyendo esto, ya no estaré contigo."
La guardé y olvidé en mi memoria.
Años después, haciendo limpieza, la encontraste como el que encuentra una postal.
Supiste todo sin que yo hablara.
Viniste corriendo y me abrazaste como si lo supieras desde siempre, la enfermedad pasó.
En ese momento, supe que era eso: el destino no es la vorágine, sino lo que queda cuando no pasa nada.