La carta
Miguel Gacio, 47, Narón
El destino tocó suavemente mi puerta con un sobre. Dudé antes de abrirlo; temía que un gesto tan simple me cambiara para siempre. Dentro había solo una hoja en blanco. La miré largo rato, buscando un mensaje escondido, hasta que entendí: era yo quien debía escribirlo. Sonreí, disfrutando la ilusión de elegir mi camino… hasta que, al darle la vuelta, descubrí mi propia firma ya allí, como si alguien hubiera escrito por mí antes de que pudiera empezar. Me quedé en silencio, abrazando la belleza de lo inevitable.