Balada para una pérdida.
JL VECILLA, 65, A CORUÑA
-Nada es real- repitió mi amigo mientras pedía otros tragos.
Mi adorada Margarita había sido raptada, seguramente por un Donjuán, y la desesperanza se estaba apoderando de mí. La sospecha de que estaba cerca, mientras vigilaba nerviosamente todas las mesas, tenía que convertirse en certeza. Cada instante que pasaba, mientras mi amigo no paraba de cotorrear, sentía como crecía mi angustia por su destino. Yo que la necesitaba, que solo la quería a ella...
- Mira tu vaso vacío -apuntó mi amigo-. Te han debido dar el cambiazo. Créeme, esa canción ya murió; pero cálmate, que nosotros siempre seguiremos cantando.
Mi adorada Margarita había sido raptada, seguramente por un Donjuán, y la desesperanza se estaba apoderando de mí. La sospecha de que estaba cerca, mientras vigilaba nerviosamente todas las mesas, tenía que convertirse en certeza. Cada instante que pasaba, mientras mi amigo no paraba de cotorrear, sentía como crecía mi angustia por su destino. Yo que la necesitaba, que solo la quería a ella...
- Mira tu vaso vacío -apuntó mi amigo-. Te han debido dar el cambiazo. Créeme, esa canción ya murió; pero cálmate, que nosotros siempre seguiremos cantando.