Morceñas
Concha, 81, Zamora
El cielo está plagado de nubes presurosas. Entre ellas grandes bolsas de humo intentan hacerse paso fundiéndose con ellas. El agua, dulce bálsamo, ha recibido mi cuerpo. Ni las morceñas que flotan en la superficie restan pureza al agua. La quietud es inquietante y el calor se adosa a mi piel como una daga incandescente. Levanto los ojos al cielo alertada por el vuelo de alguna rapaz que otea en derredor atenta a alguna posible presa. Pese a esta tragedia que asola esta tierra me envuelve la paz, la misma que vivieron mis padres y mis abuelos. Mis paisanos.