El ferry
Carmen Peñalver, 41, ABEGONDO
A Laura la despertó un mirlo que cantaba cerca de su tienda de campaña. A Alicia la alarma del despertador del hotel. Ambas llegaron al pantalán creyendo haberlo hecho a tiempo. El ferry estaba ya a varias millas de la costa. Alicia exclamó: -¡Cierto! ¡El maldito cambio de hora! Que si a las dos son las tres o algo así. Sonriéndole, Laura dijo:
-Tendremos que esperar al siguiente, ¿tomamos algo? Para ellas ese día no solo cambió la hora. Pero no lo sabrían hasta estar subidas en el ferry de la tarde y eso ya es otra historia…
-Tendremos que esperar al siguiente, ¿tomamos algo? Para ellas ese día no solo cambió la hora. Pero no lo sabrían hasta estar subidas en el ferry de la tarde y eso ya es otra historia…