Eche un pulso al destino... y perdí
Vanessa, 30, Madrid
Tengo la garganta en carne viva. Me duele al tragar, al hablar, al respirar. Me escuecen los ojos de tanto llorar. Mis visiones me ahogan. Fuego, un caballo de madera y un río de sangre. Mi familia, mis vecinos, mis amigos… todos ignoran mis advertencias. Maldigo el día en que pedí este don, maldigo el momento en que creí – ingenua de mí – ser más inteligente que un dios. Solo puedo observar la imagen grabada tras mis párpados: mi ciudad en llamas, mi familia… desaparecida.