CAST / GAL

Laberinto
Afortunado, 62, Castellón

El ruido del exterior apagaba sus gritos de dolor. Los obuses buscaban sueños con que alimentarse y su hijo se adentraba a duras penas a la vida.
Ella lo deseaba con anhelo, mas el miedo atenaza sus músculos y su cuerpo luchaba por retenerlo en sus entrañas.
Por fin, su primer llanto anunció que había aceptado la transición del líquido amniótico al aire que ya se adentraba en sus pulmones. Su madre pensó que no sería el último y, mirándolo con amor infinito, vio con desesperación que su destino estaba escrito.
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