El espejo limpio
Patricia, 51, Betanzos
Me puse la chaqueta de siempre, pero al mirarme al espejo noté algo distinto. No eran las arrugas ni el cansancio, era mi mirada. Busqué en la profundidad de mis ojos la culpa que me venía arrastrando durante años, esa necesidad asfixiante de complacer a todo el mundo, y no la encontré.
Me sonreí con una timidez nueva, extraña. Ese cambio no había sido un grito, sino un susurro silencioso dentro de mi. Por primera vez en mi vida, no me importó decepcionar a los demás con tal de no traicionarme a mi misma.
Me sonreí con una timidez nueva, extraña. Ese cambio no había sido un grito, sino un susurro silencioso dentro de mi. Por primera vez en mi vida, no me importó decepcionar a los demás con tal de no traicionarme a mi misma.