Fatalidad
Akim, 65, Barcelona
¡Y pensar que decidí unirme a ti antes de que llegara mi hora, dando por hecho que aquí descansaríamos! Nos lo merecíamos además, tras una vida de tanto trajín. Quién hubiera podido imaginar que, después de tantos años soportando las constantes broncas que organizaban nuestros vecinos de rellano, los de aquí se tirarían también a los trastos a todas horas. Y mucho me temo, mi querida Adelina, que esto será así para siempre jamás pues los nichos que esos ocupan son también en propiedad.