CAST / GAL

Confieso
Sergio, 46, Mortera (Piélagos)

Confieso que olvidé aquella moneda que cambiaba de manos furtiva, acompañada de un guiño cómplice; el huevo frito roto en tu plato y el incólume en el mío; los juguetes porque sí, la paciencia eterna y el silencio encubridor, a prueba de interrogatorios.
Confieso que fui relegando mis visitas a ese margen de mi agenda, a ese hueco entre quehaceres que consideré prioritarios y que antepuse a personas que, ingenuo de mí, creía importantes.
Pero te lo confieso tarde, lo sé, ahora que ya no estás. Ahora que por fin entiendo aquello de «Las abuelas deberían ser eternas».
Compartir: