Solía
Mara, 14, Mérida
Me dijo: “me alegro de haberte conocido”. Cerré la puerta. El mundo se me vino encima. Hoy me ha preguntado si tengo hijos, pero ella solía ir al parque con ellos. Me ha preguntado si quería una galleta, pero ella solía saber que soy celiaca. Me ha preguntado qué hacía allí, pero ella solía quedar todos los días conmigo. Me ha preguntado "en que trabajo", pero ella solía preguntarme "qué tal el trabajo". Son los pequeños detalles los que más duelen. Porque, de un día para otro, todo cambia y el Alzheimer se lleva a la persona que solía ser.