Cita a ciegas.
Valdesueiro, 47, Salamanca
Cansado de la soledad, decidió dar un cambio radical a su existencia y aceptó aquella misteriosa cita a ciegas.
Solo sabía de ella que era una dama muy reconocida y respetada en su ámbito.
Aunque él ya peinaba canas, unos nervios olvidados le cosquilleaban en el estómago.
Perfumado, condujo su moto hacia el lugar del encuentro. En el último cruce la vio y supo que era ella. Liviana, parecía flotar sobre el asfalto, envuelta en una sugerente túnica de raso negro. En su mano, pálida y nívea, el acero curvo centelleó un instante.
Un frenazo.
Luego, la eternidad.
Solo sabía de ella que era una dama muy reconocida y respetada en su ámbito.
Aunque él ya peinaba canas, unos nervios olvidados le cosquilleaban en el estómago.
Perfumado, condujo su moto hacia el lugar del encuentro. En el último cruce la vio y supo que era ella. Liviana, parecía flotar sobre el asfalto, envuelta en una sugerente túnica de raso negro. En su mano, pálida y nívea, el acero curvo centelleó un instante.
Un frenazo.
Luego, la eternidad.