Error de cálculo
Carmen, 43, Salamanca
Al nacer, alguien —un dios distraído o un burócrata celestial con resaca— le asignó por error el destino de “campeón mundial de ajedrez”. Pero él odiaba el ajedrez; quería ser panadero.
Tras años de panes duros, hornos quemados y clientes huyendo, maldijo al universo. Este, al revisar el caso, corrigió el fallo.
Convertido por fin en panadero, rodeado de harina y croissants, una noche se apuntó por error a un torneo de ajedrez creyendo que era una cata de empanadas.
Ganó. Sin saber cómo.
—Felicidades, campeón —le dijeron.
—Gracias, pero yo solo venía por la masa.
Tras años de panes duros, hornos quemados y clientes huyendo, maldijo al universo. Este, al revisar el caso, corrigió el fallo.
Convertido por fin en panadero, rodeado de harina y croissants, una noche se apuntó por error a un torneo de ajedrez creyendo que era una cata de empanadas.
Ganó. Sin saber cómo.
—Felicidades, campeón —le dijeron.
—Gracias, pero yo solo venía por la masa.