El Narrador
Joplin, 14, Bilbao
Cogió con sus viejas manos sus dos plumas, su cuaderno y su libro. En este miró las almas. Esas almas que iban a nacer ese día. Esas que tenía que predestinar. Con su pluma negra, dividió los nombres en dos columnas y con la roja fue uniéndolas. Era como si el aire guiara su mano, la cual le decía lo que tenía que escribir. Después, anotó algunos de los logros que estaban predestinadas a conseguir. Cuando terminó, esas almas nacieron. Cada una con su hilo rojo en el pecho. Con sus almas gemelas por encontrar. Con su destino escrito.