Destino, destinare.
JESÚS MONROY, 48, Madrid
Destino, destinare.
Toda la vida igual. Cada vez que mi mente divaga y fijo la vista y leo una palabra en un cartel publicitario, me salta instintivamente a la mente su declinación latina. Podría ser peor, pero la verdad, es que solo me sucede en este caso. Cuando leo un libro por ejemplo, todo es tranquilo, sin interrupciones mentales
Aquí estoy, cansado, con frío, en este andén que parece salido de una antigua película en blanco y negro, con niebla incluida
Voy a terminar de leer el cartel:
Paraiso, paradisus.
Sonrío. Al fin y al cabo, es un buen final
Toda la vida igual. Cada vez que mi mente divaga y fijo la vista y leo una palabra en un cartel publicitario, me salta instintivamente a la mente su declinación latina. Podría ser peor, pero la verdad, es que solo me sucede en este caso. Cuando leo un libro por ejemplo, todo es tranquilo, sin interrupciones mentales
Aquí estoy, cansado, con frío, en este andén que parece salido de una antigua película en blanco y negro, con niebla incluida
Voy a terminar de leer el cartel:
Paraiso, paradisus.
Sonrío. Al fin y al cabo, es un buen final