CAST / GAL

Ceniza y juramento
José María, 41, Melgar de Yuso

Llegó como un mordisco que no pide permiso: la llama cortó voces, nombres y techos. Vi a mi pueblo encogerse en ceniza; arrastré fotos pegadas al barro y encontré manos carbonizadas de promesas olvidadas. Los niños aprendieron a reconocer el humo antes que las estrellas. Aun así, en la madrugada, con las uñas negras y los ojos abiertos de dolor, cavamos fosas para árboles jóvenes y enterramos rencores. Regamos con lágrimas, juramos vigilar cada loma. El fuego nos dejó marcas que duelen, pero también un pacto de destino: si vuelve, ya no nos encontrará dormidos.
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