Lo de siempre, por favor
Diana, 50, Ourense
Mismo café, misma mesa. Pidió lo de siempre. El camarero nuevo se equivocó y le trajo té. Estuvo a punto de devolverlo, pero decidió probar. Una semana después seguía sentándose en la misma mesa, aunque ya no pedía lo mismo. Descubrió que los cambios grandes a veces entran disfrazados de error.