DESVÍO
SERGIO, 54, Rojales
El médico me dijo la fecha.
No la exacta, pero sí el mes, el margen, el silencio.
Durante semanas, dejé de contestar al teléfono, anulé citas, cambié mi rutina,
dormí en casas ajenas.
Vivía como otro.
Cada día, al volver a mi habitación, encontraba la cama intacta, el reloj en hora,
mi nombre aún en el buzón.
Supe que lo había conseguido: había confundido al destino.
Pero esta mañana, al mirarme al espejo, algo había cambiado.
El reflejo me devolvía la mirada con una sonrisa que no era mía.
Y supe que, al final, me había alcanzado...aunque fuera por otro.
No la exacta, pero sí el mes, el margen, el silencio.
Durante semanas, dejé de contestar al teléfono, anulé citas, cambié mi rutina,
dormí en casas ajenas.
Vivía como otro.
Cada día, al volver a mi habitación, encontraba la cama intacta, el reloj en hora,
mi nombre aún en el buzón.
Supe que lo había conseguido: había confundido al destino.
Pero esta mañana, al mirarme al espejo, algo había cambiado.
El reflejo me devolvía la mirada con una sonrisa que no era mía.
Y supe que, al final, me había alcanzado...aunque fuera por otro.