Equipaje sin destino
Velaivai, 60, Betanzos
Durante años, la maleta giró sola en la cinta, invisible para todos. Polvo y olvido la envolvieron. Un día, una joven que trabajaba en el aeropuerto reparó en ella. Al abrirla, encontró cartas sin enviar, fotos de un amor perdido y un pasaje sin usar destino París. El aeropuerto la guardó como reliquia. Nadie reclamó la maleta, pero su historia se volvió leyenda: la de una viajera que nunca llegó, pero cuyo recuerdo sigue girando, eternamente, en la terminal.