“Seize the day”
Carola, 14, Madrid
Cierra los ojos e imagina un reloj. Un reloj de bolsillo que llevas a todas partes.
Un día, a las 10:35, las manillas de tu reloj se paran. Lo observas fijamente. Te quejas, lloras, pero no se mueve. Decides sentarte y observarlo.
Miles de horas después, cansado de esperar, te levantas.
«Clic».
Se ha movido. Apenas un minuto. Marca las 10:36.
Eufórico, llamas a tu hermano, al que no llamabas desde hacía meses.
«Clic».
Marca las 11:36.
Entonces comprendes que, durante todos esos años, el reloj medía los momentos que cambiaban tu vida para siempre, por mucho que fueran pequeños.
Un día, a las 10:35, las manillas de tu reloj se paran. Lo observas fijamente. Te quejas, lloras, pero no se mueve. Decides sentarte y observarlo.
Miles de horas después, cansado de esperar, te levantas.
«Clic».
Se ha movido. Apenas un minuto. Marca las 10:36.
Eufórico, llamas a tu hermano, al que no llamabas desde hacía meses.
«Clic».
Marca las 11:36.
Entonces comprendes que, durante todos esos años, el reloj medía los momentos que cambiaban tu vida para siempre, por mucho que fueran pequeños.