Amnesia
Akim, 65, Barcelona
No recordaba nada acerca de aquel hombre que aseguraba ser mi marido y con quien compartía a todas horas los más variados juegos en la cama y fuera de ella. Tampoco me importaba demasiado, porque vivía como en una nube. En aquellos primeros meses después del accidente mis lagunas de memoria eran tales, que lo cotidiano quedaba borrado de mi mente de un día para otro. Hasta que una mañana, mientras desayunábamos juntos, recordé que aquel portento era mi Olegario de siempre. Desde entonces ansío que el destino me depare un nuevo accidente.