La señal
Majo, 49, Ferrol
Mi vida estaba rota en mil pedazos. No recuerdo la última vez que sonreí. Llevo arrastrando durante muchos meses esta sensación de vacío interior. Mi racionalidad quiere imponerse a la emotividad, pero mis entrañas están gritando que la vida es una, que la sienta, que no pase de puntillas.
Sé que tengo que cambiar mi rumbo, pero nunca llega ese torbellino que, inevitablemente, me obligue a girar el timón. Hoy, en mi banco de siempre, una niña ha roto mi ensimismamiento. No me ha hablado, tan solo me ha abrazado. Solo mirándonos he comprendido que no quiero seguir siendo pusilánime.
Sé que tengo que cambiar mi rumbo, pero nunca llega ese torbellino que, inevitablemente, me obligue a girar el timón. Hoy, en mi banco de siempre, una niña ha roto mi ensimismamiento. No me ha hablado, tan solo me ha abrazado. Solo mirándonos he comprendido que no quiero seguir siendo pusilánime.