CAST / GAL

Luz en otra parte
Raquel, 51, Ferrol

El viejo farero odiaba los cambios. Durante cuarenta años, su vida se rigió por la misma rutina: limpiar las lentes, encender la llama y mirar el mar embravecido. Cuando automatizaron el faro, sintió que le arrebataban el alma. Lo jubilaron a la fuerza y lo mandaron a un piso en la ciudad. El primer mes fue un infierno de ruidos ajenos. Sin embargo, ahora ha descubierto el mercado del barrio, el olor a pan recién hecho y la sonrisa de la vecina del tercero. El faro sigue brillando en la costa, pero él ha encontrado luz en otra parte.
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