CAST / GAL

ROSTROS
Nacho Hevia, 46, Cuchía

Estaba justo enfrente impidiéndole entrar en el vagón. Aquellos ojos llorosos le reprimieron de entrar. Esperaría el siguiente metro. Dos minutos que aprovechó para fijarse en los rostros de los y las viajeras. El de quien espera con un cansancio demasiado temprano; quien esconde secretos en un diario; quien le hace muecas a palabras que nadie escucha; quien traga las horas como si bebiera vino con restos de corcho. Llegó el nuevo tren. Antes de abrirse las puertas, al ver otra vez su reflejo en los cristales, decidió cambiar su rostro por el del destino que quería alcanzar. Y subió.
Compartir: