Billete a ninguna parte
Mónica Espiñeira, 37, Vigo
Caminamos por vida de la mano como si de un sendero se tratase. Esquivamos problemas, imaginábamos que dormíamos bajo los árboles mientras veíamos las estrellas. Llegó el momento de separarse y apenas podía verte a través de mis ojos cubiertos de lagrimas que se desplazaban por mi mejilla llegando a mi boca y recordándome el sabor a mar que tantas veces compartimos juntas. Tu destino estaba lejos y yo no tenía el valor suficiente para acompañarte. Ahí aprendí que el amor no puede con todo. Solo me queda esperar que nos volvamos a encontrar en el próximo cruce.